Bien, con un poco de retraso, os vuelco en vuestro blog los textos propuestos. La actividad consiste en hacer un comentario del mismo conforme al modelo propuesto al inicio de curso:
2) Ideas principales del mismo.
3) Relación del texto con el pensamiento del autor.
4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.
5) Influencias recibidas y posibles repercusiones.
6) Relación del texto con la actualidad.
7) Bibliografía y recursos utilizados.
También podéis hacerlo de forma personal. Incluso, si el texto es os resulta demasiado extenso, cabe la posibilidad de seleccionar aquel (o aquellos) fragmentos más significativos del mismo y comentarlo. Eso sí siempre ha de recoger lo más significativo y representativo del tema tratado por el autor.
La idea es que para el día 30 lo tengáis elaborado y me lo entreguéis en la hora prevista de examen, en formato Word.
Junto al texto traeréis resuelta la caza de tesoro de un compañero/a, que podéis encontrar en su blog. En todo caso, si hay algún problema solicitársela a él/ella. Este trabajo ha de presentarse manuscrito, de vuestro puño y letra.
El reparto es el siguiente:
INGA: Caza de tesoro de Unamuno (Raquel).
CRISTINA: Caza de tesoro de Krause (Luís).
RAQUEL: Caza de tesoro de Zubiri (Inga).
LUÍS: Caza de tesoro de Ortega (Cristina).
No me importa que colaboréis entre vosotros, pero al final darle vuestro toque personal.
MIGUEL UNAMUNO
El secreto de la vida.
El misterio es para cada uno de nosotros un secreto. Dios planta un secreto en el alma de cada uno de los hombres, y tanto más hondamente cuanto más quiera cada hombre; es decir, cuanto más hombre le haga. Y para plantarlo nos labra el alma con la afilada laya de la tribulación. Los poco atribulados tienen el secreto de su vida muy a flor de tierra, y corre riesgo de no prender bien en ella y no echar raíces, y por no haber echado raíces no dar ni flores ni frutos. …
Hay por debajo del mundo visible y ruidoso en que nos agitamos, por debajo del mundo de que se habla, otro mundo invisible y silencioso en que reposamos, otro mundo del que no se habla. Y si fuera posible dar la vuelta al mundo y volverlo de arriba abajo, y sacar a la luz lo tenebroso metiendo en tinieblas lo que luce, y sacar a sonido lo silencioso, metiendo en silencio lo que habla, habríamos todo de comprender y sentir entonces cuán pobre y miserable cosa es esto que llamamos ley, y dónde está la libertad y cuán lejos de donde la buscamos.
La libertad está en el misterio; la libertad está enterrada y crece hacia dentro, y no hacia fuera.
Se dice, y acaso se piensa, que la libertad consiste en dejar crecer libre a la planta, en no ponerle rodrigones, ni guías, ni obstáculos; en no podarla, obligándola a que tome esta o la otra forma; en dejarla que arroje por sí, y sin coacción alguna, sus brotes, y sus hojas, y sus flores. Y la libertad no está en el follaje, sino en las raíces, y de nada sirve dejarle al árbol libre la copa y abiertos de par en par los caminos del cielo, si sus raíces se encuentran, al poco de crecer, con dura roca impenetrable, seca y árida, o con tierra de muerte. Aunque si las raíces son poderosas y vivaces, si tienen hambre de vida, si proceden de semilla vigorosa, quebrantarán y penetrarán las rocas más duras y sorberán agua del más compacto granito….
Para cada alma hay una idea que la corresponde, y que es como su fórmula, y andan las almas y las ideas buscándose las unas a las otras. Hay almas que atraviesan la vida sin haber encontrado su idea propia, y son las más; y hay ideas que, manifestándose en unas y otras almas, no encuentran, sin embargo, sus almas propias, las que las revelarían en toda su perfección.
Y aquí se nos presenta otra vez el terrible misterio del tiempo, el más terrible de los misterios todos, el padre de ellos. Y es que esas almas y las ideas llegan al mundo o demasiado pronto, o demasiado tarde y cuando un alma nace, se fue ya su idea, o se muere aquélla sin que ésta baje. Tormento grande fue, sin duda, para un hombre en el siglo XIII haber nacido con el alma del siglo XX; pero no es menor tormento tener que vivir en este nuestro siglo con un alma del siglo XIII. Era entonces la misteriosa y terrible enfermedad de los conventos, la acedía, aquella inapetencia de vida espiritual de que, por otra parte, no se podía prescindir; y quien lea con atención y sentido a los místicos, oirá con el corazón aquel tono profundo que suena a desgarrador sollozo, que no brota del pecho, sino en él queda, y hace llorar hacia dentro. Pero hoy tenemos la acedía de la vida del mundo, la inapetencia de la sociedad y de su civilización, y hay almas que sienten la nostalgia del convento medieval. Del convento medieval digo, y no simplemente del convento, porque el de hoy es tan distinto del que era en el siglo XIII cuanto es distinto del aquel siglo el nuestro. Y tengo para mí que las almas medievales que hoy viven entre nosotros son las que más repugnan los claustros del siglo XX. De aquel hombre de secreto, de aquel misterioso danés que vivió en una continua desesperación íntima, de Kierkegaard, se ha dicho que sentía la nostalgia del claustro de la Edad Media…
Todos llevamos nuestro secreto, sepámoslo o no, y hay un mundo oculto e interior en que todos ellos se conciertan, desconociéndose como se desconocen en este mundo exterior y manifiesto. Y si no es así, ¿cómo te explicas tantas misteriosas voces de silencio que nos vienen de debajo del alma, del más allá de sus raíces?...
Y hay gentes que parece que todo lo dicen y cuentan, y son los que más callan; y no hablan y se confiesan sino para ocultar más su secreto, pues temen el silencio, que es lo más terriblemente revelador que hay. La sinceridad se ahoga en palabras. El secreto, el verdadero secreto, es inefable, y en cuanto lo revestimos de lenguaje, no es que deje de ser secreto, sino que lo es más aún que antes.
No nos es hacedero de ordinario conocer el secreto especial y propio de nuestro prójimo, su ansia propia, su tribulación suya, la congoja que le atormenta o el gozo oculto que no puede revelar, la pasión que le consume o le acrecienta, el anhelo que persigue en su corazón; pero lo que sí podemos conocer es la raíz común a los secretos todos de los hombres, el secreto de nuestros sendos secretos, el secreto de la Humanidad. Toma distintas formas en cada alma, y estas formas no son secretas, pero su sustancia última y eterna es siempre la misma.
Y el secreto de la vida humana, el general, el secreto raíz de que todo los demás brotan, es el ansia de más vida, es el furioso e insaciable anhelo de ser todo lo demás sin dejar de ser nosotros mismos, de adueñarnos del universo entero sin que el universo se adueñe de nosotros y nos absorba; es el deseo de ser otro sin dejar de ser yo, y seguir siendo yo siendo, a la vez, otro; es, en una palabra, el apetito de divinidad, el hambre de Dios…
El resorte del vivir así es el ansia de sobrevivirse en tiempo y espacio; lo seres empiezan a vivir cuando quieren ser otros que son y seguir siendo los mismos. Y todo lo que no vive, no es sino alimento de lo que vive.
Y ahora queda otra pregunta, y es: el conjunto, el todo, el universo, ¿no vive a su vez y anhela ser más que es, ser más que todo, más que universo? ¿No tiene el universo su secreto?
Miguel de Unamuno; OBRAS COMPLETAS, Fragmentos seleccionados, pag. 818-830

